Llevamos bastantes años colaborando como fisioterapeutas en el Maratón de Valencia, y eso nos ha dado una perspectiva muy valiosa. Vemos a los corredores en la meta, pero también en las semanas previas, cuando llegan a consulta con una molestia que les quita el sueño. Hay patrones que se repiten año tras año.
En este artículo te contamos cuáles son las lesiones más comunes del maratón, por qué aparecen y qué puedes hacer ahora, a pocas semanas del domingo 6 de diciembre, para llegar a la salida en las mejores condiciones.
Si hay una zona que se repite, es la parte posterior de la pierna. Hemos visto muchas sobrecargas, sobre todo en el gemelo externo y el sóleo. Son músculos que trabajan sin descanso kilómetro tras kilómetro, y cuando la carga supera su capacidad de adaptación, terminan protestando.
También notamos una diferencia clara: los corredores de maratón suelen estar mejor preparados que los de carreras populares o media maratón. Tiene lógica. La exigencia de una distancia tan larga obliga a una preparación muy buena, a cuidar la alimentación y a pasar controles rigurosos y periódicos con el fisioterapeuta. Quien llega así, normalmente llega mejor.
Y hay una idea que conviene tener presente: las lesiones típicas del corredor de fondo no suelen aparecer el día de la carrera. Se gestan durante los entrenamientos, por falta de adaptación o por sobreesfuerzos. El maratón se gana, o se pierde, en el plan de entrenamiento, no en la línea de salida.
Casi siempre hay una causa común: la acumulación de carga. Más kilómetros, más series y cuestas, menos descanso y cambios de última hora en zapatillas, ritmos o plan.
El cuerpo necesita tiempo para adaptarse. Cuando la carga sube más rápido que la capacidad de músculos, tendones y huesos, aparece el dolor. Por eso las últimas semanas, con el volumen más alto, son las más delicadas.

Es la que más hemos visto. Se nota como tensión, pesadez o dolor en la pantorrilla, a veces con una contractura palpable que aparece al correr o al terminar la sesión.
Dolor en la cara externa de la rodilla que suele aparecer a partir de cierto kilómetro y empeora en las bajadas.
Molestia alrededor o detrás de la rótula, típica al bajar escaleras o tras estar mucho rato sentado.
Dolor en el talón o en la planta del pie, muy marcado en los primeros pasos de la mañana.
Rigidez y dolor en la parte posterior del tobillo, sobre todo al empezar a entrenar.
Dolor a lo largo del borde interno de la tibia.

La prevención empieza mucho antes de la carrera, pero todavía estás a tiempo de hacer ajustes importantes:
Si el dolor dura más de unos días, condiciona tu forma de correr o te despierta por la noche, es mejor valorarlo ahora. Una evaluación a tiempo puede marcar la diferencia entre disfrutar los 42 kilómetros o quedarte fuera. Y si ya has corrido, también es buen momento para revisar cómo ha respondido tu cuerpo y volver a entrenar con cabeza.
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Depende de la lesión y de su intensidad. Un dolor que empeora al correr o que te hace cambiar la pisada es una señal para valorarlo antes de la prueba.
Las sobrecargas musculares de la pierna, especialmente en gemelo y sóleo, junto con las lesiones por sobreuso de rodilla, pie y tendón de Aquiles. Casi siempre se originan en el periodo de entrenamiento por falta de adaptación o sobreesfuerzo.
No hay un plazo único, pero lo habitual es dar al cuerpo varios días de descanso real y retomar de forma gradual, con rodajes suaves, movilidad y fuerza.
Un masaje suave en la semana previa puede mejorar la sensación de piernas, pero conviene evitar cualquier técnica agresiva o nueva justo antes de correr.